Thursday, March 31, 2016

Astrofísica | ¿Por qué los cuerpos celestes nos afectan?

Todas las verdades son fáciles de entender,
una vez descubiertas. La tarea reside en descubrirlas.
Galileo Galilei (1564-1642)

El concepto

La marea se define como el cambio periódico del nivel del mar producido por la fuerza de atracción de la Luna y el Sol. ¿Ejercen estos dos cuerpos celestes influencia sobre la Tierra? Un físico o astrónomo o enciclopedia explica con precisión matemática cómo la fuerza de gravedad de ambos mueven las aguas y en qué épocas del año se encuentran más o menos susceptibles a las fuerzas del Sol o de la Luna según la distancia de ellos con relación a la Tierra. Como la Tierra también nosotros estamos compuestos de elementos químicos sobre los cuales los cuerpos celestes ejercen influencia. Nuestro organismo, por ejemplo, está constituido de agua en un 80%. ¿Tendrán la Luna y el Sol (y los demás cuerpos celestes) influencia sobre nosotros al tenerla sobre el agua?

Cada astro se compone de una variedad de elementos químicos y la distancia entre ellos y nosotros decide el balance de los efectos de una descarga cósmica que determina (como el Sol y la Luna el nivel del mar) nuestro estado de salubridad física, mental y espiritual. El grado de cercanía o de lejanía en el nacimiento viene a ser una impronta metabólica en cada uno de nosotros condicionada por nuestra hora, fecha y lugar natales, pues cada uno de estos factores decide la distancia y la posición de los astros en diferentes momentos o épocas del año (sin olvidar que hay cuerpos celestes de lentísima movilidad en referencia a la Tierra y en su recorrido alrededor del Sol).

La relación bioquímica

Nuestra relación con el cosmos no es nada distinto, por ejemplo, del asmático que va a la orilla de la playa a aspirar las sales marinas para beneficiarse aliviar su condición. En este caso, la cercanía a la playa le es benéfica a sus pulmones (yodo proveniente de las algas marinas). Tampoco es distinto de quien trabaja en o cerca de una planta nuclear expuesto a elementos químicos perjudiciales para ciertos órganos del cuerpo. En este caso, la cercanía resulta perjudicial para el sistema bioquímico del expuesto. Así funciona la proyección energética de los astros hacia la Tierra. A propósito del magnetismo, gravedad o capacidad energética de un astro, quienes saben recomiendan bañarse fuera de la casa (como fue natural en el hombre bañarse en los ríos o en el aguacero) porque luego de que oscurece (especialmente en Luna llena) desciende una energía que favorece el organismo.

Del mismo modo en que la Luna ejerce poder sobre las mareas, así mismo el resto de los cuerpos celestes sobre la Tierra y el Hombre. A mucha gente que no cree en la astrología le cuesta comprender esto y por eso la ven como una especie de fantasía (a lo cual contribuye el ejercicio irresponsable de la disciplina por parte de un gran número de astrólogos y libros de astrología), en lugar de verla como lo que realmente es: una realidad de índole bioquímica debido a la matemática: distancia (latitud/longitud), lugar (geografía) y tiempo (fecha).

Las correspondencias (simbolismos)

La noción

Los cuerpos celestes del Sistema Solar pueden ser clasificados en dos grupos principales según la distancia de sus órbitas del Sol: en interiores y exteriores. Desde el punto de vista del Sol hacia fuera están Mercurio, Venus, la Tierra (junto con la Luna) y Marte. A partir de Marte está el cinturón de asteroides que separa a los cuerpos celestes interiores (los antes mencionados) de los exteriores: Saturno, Júpiter, Urano, Neptuno y Plutón. Curiosamente, los cuerpos celestes interiores y exteriores se distinguen no solamente por el cinturón de asteroides que los separa: también a la luz de sus tamaño y composición química.

A excepción de Plutón, los cuerpos celestes exteriores son mucho más grandes que los interiores y mientras estos son densos y rocosos (concretos) aquéllos livianos y gaseosos (etéreos). También se distinguen en que los interiores se desplazan rápido y, por lo mismo, su posición permite distinguir un Mapa Natal de otro en casi la misma fecha; mientras que los cuerpos celestes exteriores se desplazan lentamente y, por lo mismo, su posición permite distinguir, no un Mapa Natal de otro en casi la misma fecha, sino una época o generación de otra o, incluso, un siglo de otro. De ahí que los cuerpos celestes interiores sean considerados «personales» y los exteriores «impersonales» (La mayoría de los cuerpos celestes interiores dan la vuelta alrededor del Sol en aproximadamente un año y Marte en dos; mientras que los cuerpos celestes exteriores dan su vuelta alrededor del Sol en doce años, para el caso de Júpiter, y hasta en dos siglos y medio, para el caso de Plutón.) Los interiores son «personales» también en el sentido en que se relacionan (según su idiosincrasia bioquímica) con el desarrollo del individuo y su ego (el ego como representación de la materia). Los exteriores son «impersonales» también en el sentido en que se relacionan (según su idiosincrasia bioquímica) con el mundo social y el mundo espiritual (la humanidad en sentido amplio).

A cada cuerpo celeste le es adjudicada o atribuida una u otra competencia física (organismo) o psíquica (mente) a la luz de su «idiosincrasia» bioquímica. La función biológica o química de un organismo se extiende siempre a su función psíquica o metafísica. Del mismo modo en que la sal (una representación del sodio, o Na) funciona como agente antiséptico (contra las infecciones) asimismo contra los desequilibrios psíquicos y metafísicos. En el primer caso, el trastorno de personalidad bipolar, por ejemplo, se relaciona con una deficiencia de litio en la corteza cerebral, por lo que desde 1949 se ha tratado el trastorno con sales de litio (ion de litio o Li+). En el segundo caso, la contaminación de un espacio determinado por energías primitivas (espíritus malignos, como le llaman) es contrarrestada con sal exorcizada. El concepto sigue siendo el mismo, en un plano como en otro: la limpieza (sea física o espiritual). De ahí que uno de los principios fundamentales de la filosofía hermética (Hermes Trismegisto) plantee: «Como es abajo es arriba; como es arriba es abajo» (véase El Kybalión).

Los cuerpos celestes, en este sentido, pueden ser relacionados con ciertos órganos del cuerpo, con ciertas virtudes o valores y con ciertas condiciones psíquicas.

En el plano psíquico

Cuando hablamos de las repuestas o reacciones emocionales, hablamos de un cuerpo celeste cuyo suelo es húmedo y su temperatura fría y su periodo de revolución extremadamente rápido con relación al resto de los cuerpos celestes (Luna). Cuando hablamos de medios de la comunicación y transporte, hablamos de un cuerpo celeste cuya superficie es húmeda y su temperatura caliente y su periodo de revolución bastante rápido (Mercurio). Cuando hablamos de los sentimientos y de las relaciones humanas, hablamos de un cuerpo celeste cuya superficie es húmeda y su temperatura caliente y su periodo de revolución es normal (Venus). Cuando hablamos del pulso y del impulso, de la vitalidad y de la fuerza de voluntad, así como del carácter y el temperamento, hablamos de dos cuerpos celestes cuyas superficies son secas y sus temperaturas calientes y su periodo de revolución más o menos lento (Marte; Sol). Cuando se trata de las ciencias humanas o de la filosofía (pedagogía, Derecho, religión, moralidad, espiritualidad), hablamos de un cuerpo celeste cuya superficie es húmeda y su temperatura fría y su periodo de revolución bastante lento (Júpiter). Cuando hablamos de la disciplina, del tesón, del sentido de la responsabilidad y del gobierno, hablamos de un cuerpo celeste cuya superficie es seca y su temperatura muy fría y su periodo de revolución más lento aún (Saturno). Cuando hablamos de la originalidad y del intelecto genial (genios) y de lo anormal en general, hablamos de un cuerpo celeste cuya superficie es seca y su temperatura demasiado fría y su eje de rotación tiene una inclinación de 98º (por lo que se encuentra totalmente volteado u horizontal; el único en el sistema solar)– y su periodo de revolución es muchísimo más lento aún (Urano). Cuando hablamos del mundo inmaterial y de la clarividencia y lo oculto en general, hablamos de un cuerpo celeste cuyas superficie y temperatura son, respectivamente, demasiado húmeda y fría y su periodo de revolución mucho más lento al de Urano (Neptuno). Cuando hablamos de la reciedumbre y de la fuerza mental y/o espiritual para penetrar en la profundidad de las cosas, tanto como de la transformación natural de la cosas y su regeneración, hablamos de un cuerpo celeste cuyas superficie y temperatura son, respectivamente, demasiado seca y fría y su periodo de revolución supremamente lento (Plutón).

En el plano fisiológico

La temperatura «caliente» se relaciona con la expansión, la dispersión, la dilución y la conglomeración de lo homogéneo y disminución de lo heterogéneo. La temperatura «fría», con la condensación, la retracción y la conglomeración de lo homogéneo y heterogéneo. La cualidad «húmeda» se relaciona con la licuación, la ductilidad, el aflojamiento y el ablandamiento. La cualidad «seca», con el desecamiento y el endurecimiento, la tensión y el atezamiento.

En este sentido, Marte y el Sol (calientes y secos) se relacionan con las fiebres y las inflamaciones; Venus y la Luna (frías y húmedas) con las glándulas, la grasa, los quistes y tumores; Mercurio (frío y húmedo) con la respiración y las afecciones de los pulmones; Júpiter (caliente –en comparación son sus hermanos mayores– y húmedo) con las arterias, el hígado y las enfermedades hepáticas; Saturno (frío y seco) con los dientes y la osamenta y la parálisis o enfermedades óseas; Urano (frío y seco) con el torrente sanguíneo (aerobiosis) y los calambres y la epilepsia; Neptuno (frío y húmedo) con los sistemas endocrino y nervioso parasimpático y los trastornos psíquicos (alucinaciones, trances, sonambulismo, coma) y las drogas o estupefacientes (agentes depresivos); Plutón (frío y seco) con el intestino grueso, el colon, el recto y las fístulas.

Así como se determina el carácter o la personalidad de un individuo (carismática, tímida, agresiva, etc.) a la luz de la posición de los cuerpos celestes en su Mapa Natal, también su fortaleza o vulnerabilidad física (si es, por ejemplo, propenso a padecer un cáncer o debilidad ósea).

El «factor terrestre» VS el «factor astral»

Es necesario aclarar, sin embargo, que al factor «astral» (condiciones astronómicas) se suma el factor «terrestre» (condiciones terrenales). Es decir: lo que a todas luces e insistentemente pareciera constituir la prueba fehaciente de que el «determinismo» ampliamente proclamado por un gran número de astrólogos es un solemne –solemnísimo– disparate. Si bien el factor «astral» predomina sobre el «terrestre», también es cierto que no pocas veces este último se impone sobre el primero. A esto se refería el célebre ocultista francés Henri Selva (1861-1952) –autor del Traité théorique et pratique d’astrologie généthliaque (1900)– cuando decía:

“Entre los varios elementos que constituyen la totalidad del factor terrestre, llaman la atención, en primer término, las influencias que cooperan en el origen y el crecimiento del ser humano, obligándolo a incesantes reacciones. Estas influencias son el ambiente biológico (transmisión hereditaria de la especie, la raza, la familia), el físico (clima, vivienda) y los ambientes profesional, social, etnológico, político y nacional, entre otros.

“De ahí que el resultado de la acción del factor terrestre pueda comprenderse como posibilidad apta para confirmar, reforzar o debilitar las probabilidades de los factores astrales. En este sentido, quisiera añadir que: con ello se comprueba cada vez más la deficiencia y la estupidez de las recetas” (juicios fuera de contexto, es decir: sin ver la Figura Natal en su integridad y sin considerar el entorno en que se ha formado el individuo).

Y el autor de Astrología Racional, Adolfo Weiss (1888-1956) cuando afirmaba:


“Se impone para la interpretación horoscópica otro factor, muy importante, pero en extremo difícil de juzgar. Se trata de la susceptibilidad del nativo para las influencias astrales, según el factor terrestre. Ya Aristóteles, con su conocido aforismo «Sol et homo genera hominem» ha aludido a esta cuestión. De los autores modernos, sin embargo, Henri Selva es quien, a mi juicio logró la formulación más conveniente”.

O el matemático, geógrafo, astrónomo y astrólogo Claudius Ptolomeaus (100 d.C. -170 d.C.) cuando solía formular:


“Si observas a un Júpiter elevado, antes de hacer un juicio deberás saber si el horóscopo corresponde al hijo de un rey o de un campesino. Si es el primer caso, juzgarás será príncipe, de lo contrario, juzgarás será comerciante”.

Más el astrólogo –y periodista– argentino, Norberto Miguel García, cuando a propósitos del pasaje ptolemaico explica:


“Este aforismo tiene que ver con situar el entorno donde se desarrollará el nativo, pues no siempre los aspectos o cuerpos celestes indican nada por sí mismos. Dependerá también de la inclinación personal según la educación familiar, escolar, de las tendencias de sus relaciones sociales según la sociedad en que ha nacido… en fin… queda mucho por delante como para acelerarse tanto”.

No somos “marionetas dirigidas por cordones que usan desde arriba”. A esto se refiere el antiguo proverbio: «Los astros inclinan pero no obligan» (condicionan, más no imponen). Sucede que acá, 'abajo', hay valores, situaciones y experiencias y modos de conducta preferidos por los seres humanos en conformidad con sus valores (formados por la sociedad en cuestión). Unos optan por hacer algo criminal porque el dinero es su valor primordial; otros, sin embargo, prefieren la honestidad como valor y, otros, actúan honestamente solo por temor a recibir castigos de Dios o del Estado. Es en este sentido que algunos pueden encontrarse astronómicamente inclinados hacia el crimen, pero los valores que han aprendido en la sociedad («factor terrestre») hacen que nunca los cometan; otros hacen todo lo contrario cuando ‘traicionan’ su Mapa Natal (a pesar de estar bien condicionados por él) para buscar lo que creen es oportunidad única (dado, también, el «factor terrestre»: una sociedad enferma o de valores trastocados). Basta con esto para decir que no hay postre de guayaba con queso, flan, mantecado o postre dulce alguno que justifique el intercambio de la síntesis astrológica («factor terrestre» incluido) por la receta (o determinismo).
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Esta columna fue publicado por la revista virtual Gente de Astrología (GeA). Edición Nº 63 en abril de 2016
Bibliografía sugerida:

Conceptos:

1. Astrofísica (rama interdisciplinar de la astronomía que se ocupa de la física y propiedades de los objetos del universo, como su luminosidad, densidad, temperatura y composición química).
2. Alquimia (doctrina experimental de fenómenos químicos o, filosofía química).
3. Mecánica Cuántica (rama de la física que se ocupa de fenómenos físicos en escala microscópica o, estructura atómica).

Libros:

1. Horoscope Symbols (Los símbolos del horóscopo) del académico e historiador y astrólogo estadounidense Robert Hand.
2. El Kybalión y el Corpus Hermeticum del personaje mítico egipcio-heleno Hermes Trismegisto.
3. Mind into Matter: A New Alchemy of Science (La nueva alquimia de la vida), del especialista estadounidense en física cuántica Fred Alan Wolf.
4. Obras Completas, del médico, alquímico y astrólogo suizo Paracelsus (Paracelso).